LA BUENA COMPAÑÍA

Hace mucho que Nietzsche disertó sobre la compañía: “Yo necesito compañeros, pero compañeros vivos; no muertos y cadáveres que tenga que llevar a cuestas por donde vaya“. Quién no ha encontrado en su vida alguna de esas compañías, muertas o moribundas. La necesidad de Nietzsche se convierte entonces, más que nunca, en una propuesta inexcusablemente necesaria para la felicidad, el porvenir y el progreso del mundo.

Fiodor Dostoievski escribió “Creo en la vida eterna en este mundo; hay momentos en que el tiempo se detiene de repente para dar lugar a la eternidad”. Cuán cierto es esto: el mundo se detiene, cada día, cuantas veces lo deseemos, si lo deseamos de verdad.

¿Por qué no hacer del de hoy ese día? Un día en el que detener el mundo, en buena o excelente compañía, en una agradable conversación, en un atardecer, o un amanecer, o en un paseo por la orilla de la playa de las salinas del Cabo de Gata, sintiendo la brisa del mar en nuestro rostro y el chinorro bajo las plantas de los pies desnudos, tan vestidos a lo largo de estos meses de invierno. Hoy puede ser el mejor día para este vital propósito. En nuestra efímera existencia, bien nos vale elegir con acierto las mejores compañías. Y aprender, cada día, a valorarlas.

Entre las buenas compañías que frecuento, he recordado hoy a mi querida amiga Graciela mientras leía un artículo que publiqué en 2008 y que titulé “Graciela, uruguaya y española”. Contaba en aquel artículo que había coincidido con ella y con Enrique desayunando en el Barea, donde volví a encontrarme con la esencia de las dos personas vitales y acreedoras de intensos recuerdos que había descubierto tiempo atrás, hermanadas por el amor y por la vida, de la que siempre me enseñaron.

He recordado hoy con especial cariño aquel desayuno con Graciela y Enrique, uno de los fundadores del Partido Popular en Almería, cuyo carnet de afiliación exhibía con orgullo, un hombre cuya conversación fue siempre un regalo para el intelecto, un caballero entre los caballeros que nos dejó hace ya un año y que habitará, para siempre, en este Mar Mediterráneo nuestro que tanto ama Graciela.

Graciela y Enrique se conocieron en Uruguay. Ambos compartieron vivencias paralelas de la dictadura uruguaya sin haberlas transitado juntos: historias de animales, como la de una amiga de ella que puso de nombre a sus perras ‘Democracia’ y ‘Libertad’, y las soltaba para poder gritar ambas palabras sin ser detenida; o la de un amigo de él, que llamó a su pájaro ‘Gilipollas’ y le colocó el nombre en la anilla de su pata para, cuando pasaba un militar, soltarlo y exclamar tal vocablo.

En aquel desayuno Graciela me contaba que ya era española, y orgullosa hablaba de cómo sentía esta patria, sin renunciar a la suya, y relataba con cierta tristeza que el momento tan anhelado de ser española ‘de derecho’ -de hecho lo era desde hacía tres años- había sido tan solo un acto administrativo y burocrático, y no un evento revestido de una inexcusable solemnidad.

La funcionaria que había hecho a Graciela jurar que acataría la Constitución -pero no preguntó si la conocía- y que respetaría al Rey -pero no preguntó si sabía quién era o por qué- hizo aquella mañana lo que debía: seguir el protocolo. Pero una cosa es que lo hiciera bien y otra que hiciera lo correcto. Porque las cosas tienen el valor que les damos. Una nacionalidad, un país, un himno, tienen la importancia que entre todos queremos que tengan.

Y es que, cuando los objetivos de la cámaras se apagan y las declaraciones de quienes nos acercan -o nos alejan, según el caso-, a ese sentimiento patriótico y a nuestro valor como nación, dejan de sonar en los altavoces de las emisoras, todo ese mundo deja paso a la realidad del día a día, esa realidad que entre todos construimos con actos como aquel, en el que a mi amiga Graciela le dieron, tras tres años de espera, su respetada nacionalidad española.

Si ser español de nacimiento es importante, serlo por convicción y elección es aún más valorable: “En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida”, decía García Lorca. Gracias, admirada Graciela, por sentirte española. Y por tu ejemplo. Y por tu siempre magnífica compañía.

 

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JAVIER ARENAS, PRESIDENTE EL 25M

Los que vienen son días de cambio. Nos llega el fluctuar de escaños provenientes de distintas encuestas y, aunque los treinta años de socialismo en Andalucía parecían haber generado una red de redes, esta tierra respira hoy un aire distinto. Pocos parecen dudar de que el 25 de marzo las urnas hablarán del presidente Arenas, y de que las medidas que el candidato popular ha puesto sobre la mesa contribuirán a la regeneración democrática, a la transparencia institucional, a la gestión eficiente de los fondos públicos, al adelgazamiento de la Administración, a la desaparición de empresas de cometido desconocido y a la instauración de la mesura y la verdad en la gestión de la Junta de Andalucía.

Avalan a Javier Arenas su experiencia política y de gobierno. Su gestión en aquellos tiempos, también complicados para nuestra economía, en que José María Aznar le nombró Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, sentó las bases de derechos que hoy no debieran ser cuestionables. Arenas llegó a un acuerdo sobre pensiones con los sindicatos, por el que el Gobierno se comprometió a mantener o aumentar el sistema de protección social en relación al PIB que, como desarrollo del Pacto de Toledo, fue firmado por el presidente Aznar y los líderes sindicales en octubre de 1996.

La situación de desempleo que viven los andaluces es lo que más preocupa a Javier Arenas. Como Ministro consiguió en 1998 una reducción de la cifra del paro de 289.967 personas, tras la firma de un acuerdo entre patronal y sindicatos sobre la reforma del mercado de trabajo. Este dato contrasta con el incremento en las cifras del paro en Andalucía, que ha superado ya el 31 por ciento de la población activa.

Arenas afirma taxativo que limitará las subvenciones a los partidos políticos y a las organizaciones sindicales y empresariales, que reducirá a la mitad el número de altos cargos de la Junta de Andalucía y que el Gobierno del cambio no mirará el carnet, sino la excelencia al servicio de los andaluces.

Entre las primeras medidas que ha anunciado ejecutará si es elegido presidente de la Junta de Andalucía está la realización de auditorías y reformas en la gestión y ejecución de las políticas activas de empleo, puestas en entredicho tras los escándalos que afectan a todo un sistema de gestión que parece haberse estandarizado en la institución autonómica, y la limitación de las encomiendas de gestión y encargos de ejecución al sector público empresarial para impedir el abuso actual.

Es de justicia reconocer las capacidades del candidato popular a quién, si cuantos afirman apostar por el cambio en la gestión de la institución andaluza, le hacen depositario de su confianza, todo parece indicar podremos llamar Presidente el 25M.

Javier Arenas es un político moderado y comprometido, y un trabajador infatigable. Me atrevo a decir que se ha dejado ver por más ciudadanos que ningún otro político, y que no necesita un cartel electoral de conversación en el café, porque los andaluces lo han visto caminar por las calles de sus municipios, recoger propuestas en cualquier acera, en cualquier plaza, parado en un semáforo o en una reunión de vecinos, visitar a agricultores, invernaderos, cooperativas agrícolas, preocupado por los problemas de nuestro sector turístico, del pesquero o de la industria extractora de piedra natural, atendiendo las demandas de jóvenes, mujeres, mayores, enfermos y discapacitados.

El candidato popular a la presidencia de la Junta de Andalucía nunca habla de problemas sin aportar soluciones. Le hemos visto y escuchado trasladar sus propuestas a cada materia en las que divide las áreas de gestión que tendrá su futuro gobierno. Tiene trazado un programa ambicioso pero realista, valorado, contrastado y alimentado por las sugerencias recogidas en las incontables reuniones sectoriales a lo largo de estos años de estudio y búsqueda de soluciones. No hay lugar para el descanso ni el decaimiento, mucho menos para la improvisación, para un hombre que se ha forjado en el mérito de liderar el camino hacia el cambio que se deja sentir en la comunidad andaluza.

 

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DESINSTITUCIONALIZACIÓN

Dice Enrique del Risco en su blog dirigido al pueblo cubano que en la película Cadena perpetua los presos discuten la –para muchos incomprensible- violenta resistencia del bibliotecario Brooks a ser puesto en libertad tras pasar medio siglo en prisión. Es entonces que Red (Morgan Freeman) define su concepto de estar “institucionalizado”, un concepto muy útil para explicar cualquier sistema diseñado para quebrar la voluntad de las personas, afirma.

«No hay nada malo con Brooks. Solo está institucionalizado, eso es todo. […] El hombre ha estado aquí cincuenta años Heywwod ¡Cincuenta años! Este lugar es todo lo que conoce. Aquí, él es un hombre importante, un hombre educado. Un bibliotecario. Afuera no es más que un viejo desgastado con artritis en ambas manos. No podría siquiera conseguir un carnet de biblioteca si lo intentara. […] Estos muros son curiosos. Al principio uno los odia, luego se acostumbra a ellos. Entonces el tiempo pasa y terminas dependiendo de ellos. Eso es estar “institucionalizado”. […] Ellos te envían aquí de por vida y eso es justo lo que toman de ti».

El citado es, en buena medida, un ejemplo válido para explicar lo que ha ocurrido en Andalucía en los últimos treinta años: se nos ha procurado la institucionalización, y deviene vertiginosa la nueva situación que acontece con el adelgazamiento del presupuesto de lo público. Organizaciones varias y situaciones particulares, por mor de la afinidad, han sido institucionalizadas.

Se han creado miles de empresas fuera del control del Parlamento para manejar el dinero público al libre albedrío de los poderosos enquistados en el poder institucional durante nuestro periodo democrático en Andalucía. Todo este proceso nos ha situado bajo el control de algunos actores que, anchos y henchidos, han vendido al aparato sus logros de manual: ayuda por voto.

Claro que, ahora que las verdades aparecen desnudas y resurgen cual mancha de aceite, dicen muchos de los que han venido dirigiendo algunas de esas entidades: ‘qué va a ser de nosotros sin las ayudas y aportaciones que nos hacían; qué será sin nuestro sustento; qué será si se van los nuestros’. Otros dan también sus nombres.

La crisis económica ha invitado a decidir sin inyecciones nominativas a fondo perdido, a enfrentarse a los problemas con la capacidad propia, a buscar soluciones y gastar con cautela, a planificar, priorizar y provisionar. Cuestiones todas ellas que llevan mucho tiempo haciendo las familias y las organizaciones y empresas que no han buscado el refugio de la contraprestación. Es a eso también a lo que tendrán que ajustarse los que vivían únicamente al sol de las interesadas subvenciones.

Se tambalea la que ha venido siendo la garantía de la continuidad del poder establecido, se tambalea el clientelismo que vivía del dinero público, en tantos casos sin control ni seguimiento, como parece quedar demostrado por las informaciones que diariamente vierten los medios de comunicación. Esa actitud que no permitía un cambio social y político, ahora parece ahogar a muchos, pues ‘el maná’ del control social parece extinguirse.

Habrá tensiones y lucha para que nada cambie, pero tras  la desbandada y la búsqueda de refugio vendrán las soluciones. El problema es conocido: no hay recursos suficientes y procede, por tanto, desintitucionalizar. ¿Cuánto tiempo llevará la pedagogía sobre esto? Cuanto más se tarde en la adaptación y en la búsqueda de las soluciones, será peor.

Las familias han aprendido a recortar lo superfluo, y están aprendiendo a ser solidarias para poder sobrevivir. Hay quienes siguen haciendo creer a muchas organizaciones que las ayudas prometidas volverán a llegar, aunque las partidas estén infladas, aunque en los presupuestos no tengan cabida.

Con todo, son muchas las empresas y organizaciones que han sabido ser independientes del poder institucional, que han huido de las subvenciones con contraprestaciones oscuras y del control político, aquellas cuya cultura les está permitiendo sobrevivir y crecer, porque sigue habiendo oportunidades para hacerlo. Esa ha de ser la luz que guíe a las demás: imaginación, esfuerzo, trabajo e independencia institucional.

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RUBALCABA, ORGULLOSO

Ha comenzado la campaña y algunos han endurecido su mensaje. Poco tiempo queda para arrancar aplausos y convencer a indecisos. A ellos se refiere, sobre todo, el Partido Socialista, que tras valorar todos los sondeos de las casas dromoscópicas públicas y privadas, insisten en que no es tanta la ventaja que ellos pronostican, pues de 15 puntos de media que vaticina el resto de encuestas, a ellos les salen solo 9.

En la mañana de ayer, tras conocer los pronósticos de la encuesta del CIS, los socialistas quisieron cerrar filas. Para dar cierta licencia a su candidato, quienes tienen la actual responsabilidad en el Gobierno han entonado el ‘mea culpa’, situándonos el Ministro de Trabajo en la peor situación desde que comenzara la crisis económica y afirmando el Presidente Zapatero que se siente “el principal responsable” de los cinco millones de parados que dejan los gestores socialistas al frente del Ejecutivo.

Así las cosas, el PSOE no otorga crédito, tampoco, a esta encuesta. Lo único que no han hecho ha sido criticar su cocina. Según los sondeos, en este momento el PP aventaja al PSOE en 16,69 puntos en intención de voto y lograría entre 74 y 79 escaños más de los que tiene actualmente, situándose con el 46,60% de los votos entre 190 y 195 diputados, frente al PSOE, al que las encuestas otorgan el apoyo del 29,91% del electorado y que obtendría entre 116 y 121 diputados.

La tendencia revelada por el CIS o por cualquiera de las encuestas antes conocidas, augura que el PSOE quedaría en la peor posición de su historia, con resultados inferiores a los obtenidos tras la derrota de Joaquín Almunia en 2000, en la que obtuvo 125 diputados. Esta tendencia confirma que los españoles otorgarían la responsabilidad de gobierno a Rajoy, que necesita un Ejecutivo con mayoría absoluta para acometer las reformas que hagan recuperar nuestra economía y regresar a la senda de crecimiento y creación de empleo que conocimos antaño con los gobiernos del PP.

Durante la presentación de la candidatura de Madrid al Congreso de los Diputados, el candidato socialista criticó duramente el programa electoral del PP, al que calificó de oscuro y ambiguo pese a reconocer que “sinceramente no me ha dado tiempo a leerlo”.

El PSOE ha vuelto a pedir a sus afiliados “que expliquen, que confronten y que peleen”, y su candidato, que como hiciera Almunia ha basado su campaña en renegar de la política del PSOE en el Gobierno para seguidamente presentarse como ‘nuevo’ baluarte de su partido, ha lanzado un único y cuasi velado órdago recordatorio a la militancia, afirmando sentirse “orgulloso de todo” lo que ha venido haciendo en su gestión en el Gobierno. “Si no lo hacemos nosotros, quién lo va a hacer, claro que sí”.

Rubalcaba esquiva de este modo toda responsabilidad en la crítica situación que atraviesa el país, alejándose en su mensaje del caótico escenario creado por el gobierno que ha codirigido, eludiendo sus cargas contra la realidad que hoy viven los cinco millones de personas que en España han perdido su empleo o el millón y medio de familias con todos sus miembros en el paro, o el casi millón setecientas mil personas que no cuentan con ningún ingreso.

Rubalcaba critica al PP por afirmar que llevará a cabo políticas austeras, y a Alemania, a la que ha sugerido, si no pedido, que deje de hacer políticas de ajuste, para pasar a alabar después a la OCDE, la OIT y a varios premios Nobeles, que son, por cierto, los mismos que han venido diciendo, desde el principio de la crisis, que el Gobierno andaba equivocado y perdido, corrigiendo sus previsiones de crecimiento y abogando por políticas económicas, fiscales y laborales diametralmente distintas a las que ha venido aplicando.

Y como si aún pudiera convencer de que hará lo que no ha sabido, podido o querido hacer en siete años, el candidato Rubalcaba elude su adeudo en los Gobiernos de Zapatero y sigue brindando a la militancia y al electorado demagógicas y estólidas recetas que nos harán salir de la crisis, crecer o crear empleo. Mientras, critica que Rajoy afirme que no se va a comprometer con nada que no pueda cumplir. Pareciera propio del surrealismo. Y aun se confiesa orgulloso de lo que ha hecho.

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“UN GOBIERNO FRÍVOLO QUE NO HA DICHO LA VERDAD”

A Mariano Rajoy le preocupa la situación en la que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba deja el país tras ocho años de gestión socialista: el alarmante número de parados, la situación de las pymes y los autónomos y las dificultades de familias y empresas para acceder al crédito dan fe de ello.

“Hay mucha incertidumbre y la gente no sabe qué va a pasar en el futuro. El reto del PP es terminar con un gobierno frívolo, que no ha dicho la verdad, que equivocó las medidas y que ha hecho mucho daño a este país y que lo único que deja es una lección de que es lo que no hay que hacer”, afirmó ayer durante un acto público en Salamanca.

Todo parece indicar que el gobierno socialista dejará la Moncloa a partir del próximo 20N. A Mariano Rajoy le espera un duro trabajo. Como hiciera José María Aznar en 1996, deberá dar un giro a la política laboral, fiscal, económica y exterior, entre otras, que devuelvan la credibilidad a un país que durante años fue ejemplo en Europa.

Tras varios años a la deriva, negando lo que estaba pasando, moviéndose a contracorriente y promulgando la solvencia española por encima de quienes sí han atajado la crisis y llevan todo este tiempo en ascenso, esperando pasivos a que los vientos tornaran favorables por el contagio de otros que sí tomaron medidas a tiempo, el gobierno de Zapatero y Rubalcaba vivió lo que llamaron desaceleración como si no fuera con ellos.

Las cifras que deja el Gobierno socialista son alarmantes. Desde 2008, 400.000 empresas han cerrado y hay 375.000 autónomos menos. Hoy hay en España 5.000.000 de parados: 1.692.653 parados sin prestación por desempleo, dos millones de mujeres y un millón de jóvenes sin empleo, y 1.500.000 familias con todos sus miembros en el paro. 

6.318.252 de pensionistas tienen la pensión congelada mientras afrontan los precios más altos de los últimos años, pues España es el único país de la Unión Europea en el que sus ciudadanos han perdido poder adquisitivo. 

3.000.000 de funcionarios han visto recortado su sueldo una media del 5% mientras desde el Gobierno del PSOE se les ha hecho partícipes de su terrible gestión política, anunciándoles más bajadas y pérdidas en sus prestaciones y pidiéndoles aún un mayor esfuerzo.

El aumento del riesgo país por la desconfianza en las políticas socialistas nos cuesta 25.000 millones de euros. El gobierno de Zapatero y Rubalcaba deja una deuda de 30.000 euros por contribuyente. Sólo en intereses de esta deuda pagamos 21.500 millones de euros al año: 682 euros por segundo.

Hoy 9.000.000 de personas viven por debajo del umbral de pobreza, 145.000 niños menores de 3 años reciben un 42% menos de ayudas, 700.000 jóvenes no estudian ni trabajan, 13.000.000 de españoles al jubilarse a los 67 años tendrán un 20% menos de pensión y 2.000.000 de parados de larga duración sufrirán más recorte en sus pensiones al ampliarse la base de cotización a 25 años.

A todo ello hay que sumar 26.468 millones de euros despilfarrados en medidas propagandísticas: 3.000 millones de euros en el Fondo de Dinamización de la Economía, 8.000 millones en el Fondo de Inversión Local y 5.000 millones en el Fondo Estatal por el Empleo y la Sostenibilidad Local que no han servido para crear empleo.

Con todo, Zapatero ha gastado 168 millones de euros en asesores de 2004 a 2010, y los Ministerios de Igualdad y Vivienda se llevaron 300 millones de euros, el primero, en sus dos años de existencia y 10.000 millones el segundo entre 2004 y 2010.

Lamentablemente, han sido pioneros.

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SEÑOR RUBALCABA

¿Cómo hay que dirigirse a Alfredo Pérez Rubalcaba?

Tras ser elegido sucesor por Zapatero, el equipo de estrategia del candidato socialista ideó una campaña basada en el acercamiento al electorado. En su primera reunión con militantes, les dijo “quiero pasar a ser Alfredo, llamadme Alfredo”. Poco después decidió obviar en las comunicaciones a los medios su primer apellido. Tal vez por comenzar en P y terminar en Z, su equipo le aconsejó eliminarlo de cualquier escrito. Vino entonces un nuevo cambio: de ‘Alfredo Pérez Rubalcaba’ el ex ministro pasó a ser ‘Alfredo P. Rubalcaba’, y se convino remitir toda nota de prensa bajo el nuevo nombre de campaña. Al fin, el método de prueba y error sugirió la idea de emular la fórmula que utilizara antaño José Luis Rodríguez Zapatero. El sucesor sería, así, simplemente Rubalcaba. Y se ordenó imprimir todo el material promocional con el lema ‘Rubalcaba, Si’.

Ayer pudimos asistir a un nuevo giro en su nombre de campaña. En rueda de prensa, un periodista de la COPE quiso conocer la opinión del candidato socialista con ocasión del ascenso del policía acusado del chivatazo a ETA.

“Hola, buenos días, se está hablando mucho estos días del caso Faisán; Rubalcaba, me gustaría preguntarle...”. Y entonces Rubalcaba le interrumpió: “señor Rubalcaba, dice usted”. El periodista corrigió: “sí, señor Rubalcaba”. Y prosiguió: “Esta mañana he podido leer que una de las personas imputadas podría haber elevado su cargo, podría haber ascendido. Yo simplemente quería pedirle una valoración como ex ministro del Interior, gracias“. “Ya hice ayer unas valoraciones sobre este tema y me remito a ellas“, terminó el señor Rubalcaba.

Fue, sin duda, un mal gesto, una salida colérica que estuvo fuera de lugar. Rubalcaba perdió los papeles. Y lejos de reconocer el error, su equipo lo ha justificado. “Hay quien cree que pedir respeto es sinónimo de autoritarismo”, informaban en un primer comunicado de prensa. “Hay que hablarle con la educación y el respeto que merece todo el mundo, como él habla a todos”, decían en el segundo.

Analicemos, pues, el gesto de la exigencia y el de haberlo justificado.

En la Roma antigua se reconocía la ‘auctoritas’ -de Aug, aumentar- de las personas o instituciones que ostentaban cierta legitimación socialmente reconocida y vinculada al prestigio y al saber, a cuyas opiniones cualificadas se otorgaba gran valor de índole moral. Se trataba, pues, del reconocimiento de un atributo.

Por el contrario, la ‘potestas’ hacía referencia al poder socialmente reconocido, ostentado por personas que poseían capacidad legal, que poseían poder para imponer su decisión. Se trata, pues, de la importante distancia entre el liderazgo, la flexibilidad, el diálogo, la capacidad para hacer valer las ideas propias y de hacer equipo –auctoritas- y la imposición de la fuerza –potestas-.

¿Qué legitimidad alberga el candidato socialista en su exigencia? Su gesto reivindicativo representa un reclamo de la autoridad significada en la arrogada ‘potestas’. El PSOE se negó la oportunidad de dar un giro en sus percepciones, en sus formas, en su estilo, cuando nombró candidato a Alfredo Pérez Rubalcaba. El frente se posicionó y las pretéritas experiencias regresaron con más fuerza.

Conviene tomar tiempo para el análisis. A Pérez Rubalcaba, gran controlador de la palabra, se le ha escapado el fondo y, en este caso, se ha desdibujado la fachada de quién se define cercano, imponiendo una sombra de altivez y exigencia.

¿Qué hay detrás de esta conducta? El concepto psicológico de lo que representa la exigencia, la imposición, es el de tomar distancia. Parece situarse en una dimensión muy apartada de ese acercamiento a la militancia y al electorado que pretendía. El candidato socialista quiere ser revestido de algo que tiene que ser reconocido pero que no debe ser impuesto. La ‘potestas’ se exige. La ‘auctoritas’, en cambio, es una situación ganada intelectualmente. Conviene apreciar la diferencia.

¿Y qué hay de la justificación que ha remitido su equipo de campaña a la prensa? Tal vez, a partir de ahora, Alfredo Pérez Rubalcaba se dirija a cualquier persona, en cualquier momento, en cualquier lugar, en los mismos términos. ¿Le sería exigible también al candidato dirigirse de este modo a cualquier militante, a cualquier ciudadano, a cualquier periodista? ¿Lo hace?

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¿DE RUBALCABA O DE ZAPATERO?

El presidente Obama no está especialmente estremecido por lo que ocurre en Grecia, sino por lo que pueda desencadenar a partir de ahora. Esta semana ha manifestado que le preocupa más la situación de Italia y España, pues constituyen los auténticos obstáculos a la recuperación de la economía mundial. Ya en 2010 Obama conminó a Zapatero a hacer las reformas que tuviera que hacer para reducir el gasto. Y Zapatero bajó el sueldo a los funcionarios y congeló las pensiones. Así las cosas, los españoles fueron los únicos europeos que perdieron poder adquisitivo en 2010, mientras los precios subieron un 3,5%.

El mayor riesgo en España, amén de la situación social y económica que estamos viviendo, reside en lo externo: el peligro creciente de suspensión de pagos. ¿Cuál es nuestra capacidad de devolver lo que nos han prestado? ¿Cómo devolver sin pedir otra vez prestado, intereses desmesurados incluidos, la deuda que el Gobierno socialista está generando?

Este es el verdadero motivo de las llamadas de atención desde Europa y de la llamada telefónica de Obama. Hoy somos una de las principales amenazas para la economía mundial. Si España cae, lo harán los bancos franceses y alemanes y quienes han comprado nuestra deuda, lo que repercutirá virulentamente en la economía de la eurozona y en la estadounidense.

Pero al Gobierno de Rubalcaba y Zapatero le ha costado siempre reducir el gasto superfluo, y las únicas vías ideadas para seguir el ritmo desmesurado de dispendio han sido el endeudamiento y la subida de impuestos. Con más del 20% de la población activa en desempleo, los socialistas han subido el IVA, el IRPF, los impuestos especiales, la luz y el gas. Porque aunque subir los impuestos, decían, no era de izquierdas, al final ha resultado serlo. Ahora Rubalcaba ha dicho a Zapatero que suba el impuesto que grava el patrimonio, que ambos eliminaron en 2008. Quizás, de no eliminarlo entonces, no habría sido necesario recortar sueldos y pensiones. Pero lo hicieron.

El impuesto sobre el patrimonio era en sus orígenes un impuesto de escasa cuantía recaudatoria, pues obedecía a otro objetivo: servir de base de datos a través de la aportación informativa del contribuyente a la administración de cuál era su situación patrimonial cada 31 de enero. Por lo cual, por contraste entre un año y el siguiente, se podían determinar cuáles eran las diferencias positivas y negativas y compararlas con las rentas declaradas en el IRPF. Era, pues, un impuesto de los llamados censales.

Hoy el uso de las nuevas tecnologías permite el seguimiento de datos por parte de la Administración Tributaria, por lo que esa misión había perdido interés. Queda así únicamente la faceta recaudatoria, que históricamente fue escasa y cuya gestión, por tratarse de un impuesto tan específico, resultaba cara. Con el impuesto se grava la tenencia de patrimonio, el ahorro, y si no se hace mas extensivo, se concentra sobre los patrimonios altos, incitando a invertir fuera y deslocalizando España como un país de inversión.

Esgrime Rubalcaba que el objetivo de restablecerlo es “gravar la capacidad contributiva adicional que representa la posesión de un patrimonio a partir de determinada cuantía”. Así se parece más a un argumento ‘de izquierdas’ de los que gusta usar en campaña. Resultaría algo así como ‘que paguen los ricos, que tienen dinero’. Pero no es cierto. De ser así, el PSOE habría pensado en la progresividad de los impuestos y no habría subido el IVA. Y es que el impuesto sobre el patrimonio se restablece únicamente para los años 2011 y 2012.

Entonces, cambia el argumento. Puesto que ya se grava al ciudadano en la obtención de renta con la que adquiere el bien, sea obtenida por el comprador o sea recibida mediante herencia, y se le grava también anualmente en el IRPF por la mera tenencia, el impuesto que Rubalcaba y Zapatero eliminaron en 2008 y ahora restituyen –solo para dos años-, grava triplemente. Amén de estar también gravados los bienes por los impuestos municipales, esto es, el bien es gravado cuádruplemente.

La que Rubalcaba intenta que demos sería una fácil lectura. Pero el PSOE no defiende el impuesto sobre el patrimonio, sino la mayor recaudación para no dejar de realizar gasto superfluo.

De modo que el Gobierno de Zapatero parece estar hoy más liderado por Rubalcaba que cuando aun éste asistía a los Consejos de Ministros de los viernes. Visto de lejos, tiene mérito que el candidato tenga más que decir que el propio presidente del Gobierno. Quizás debería Obama haber llamado a Rubalcaba y no a Zapatero. O quizás lo ha hecho.

 

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¿NO ES LO QUE PARECE?

Mientras España se sigue situando en el centro de las miradas europeas, Salgado ha vuelto a ser noticia por exigir a las Comunidades Autónomas un déficit 12 veces inferior al que dejaron los presidentes socialistas salientes. Y mientras sigue creciendo la destrucción de empleo y empresas en septiembre, Rubalcaba continúa empeñado en prometer que hará lo que no ha hecho durante 8 años en el Gobierno.

Uno de cada dos jóvenes de nuestro país está en paro. Más del 20% de la población activa desempleada y aun así, el gobierno socialista sigue hablando de subir los impuestos. Claro que, ahora, el candidato Rubalcaba enarbola banderas populistas y plantea su estrategia de campaña en la demagogia, las promesas incumplidas y el enfrentamiento. Pero la realidad es que con Rubalcaba y Zapatero han subido los impuestos especiales, el IVA, el IRPF, se han congelado las pensiones, subido la luz y el gas y recortado el sueldo y el poder adquisitivo de los empleados públicos y los pensionistas.

Ningún servicio de estudios u organismo internacional ha venido creyendo las previsiones del Gobierno de Rubalcaba y Zapatero. Y desde luego, el gobierno socialista no ha creído –o no ha querido creer- en ninguna ocasión las previsiones de ningún servicio de estudios u organismo internacional. Quizás, de haberlo hecho, habría habido alguna posibilidad de raciocinio en todo este tiempo.

Anteayer fue la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) la que alertó de que la economía española crecerá dos décimas menos de lo que previó en mayo, con lo que el PIB se situará en un moderado 0,7% este año y en un 1% el próximo.

Ya hace tiempo que el Gobierno español se quedó solo en sus pronósticos, del 1,3% y el 2,3% para 2011 y 2012, pero las distancias que mantiene con el resto de organismos se hacen cada vez mayores. Aun así, Salgado no corrige ni una cifra. Error tras error sigue afirmando que “esas no son las previsiones del gobierno”.

Tampoco augura Funcas mejora para la tasa de paro española, que sitúa en un 20,9% hasta 2012 si el escenario es continuista. Desvela también que la productividad por puesto de trabajo cayó, durante el segundo trimestre del año, hasta un 1,5% en toda la economía, mientras que las remuneraciones salariales retrocedieron un 1% y los costes laborales unitarios crecieron el 0,5%.

Respecto al saldo de las cuentas de las administraciones públicas, la Fundación alerta de que “cada vez son más latentes los problemas de las Comunidades Autónomas para cumplir con sus objetivos de déficit”. Apunta que el déficit será del 6,8% en 2011 y del 5,0% en 2012: el Gobierno no cumplirá lo previsto.

Fueron los gobiernos autonómicos socialistas los que más engordaron el déficit durante los meses previos a las elecciones del 22 de marzo: Cantabria y Baleares lo duplicaron, Extremadura y Castilla-La Mancha lo cuadruplicaron. Fernández Vara incrementó el déficit del 0,64 al 2,59 y Barreda del 0,97 al 4,16. Parece difícil pensar que la ministra de Economía no sepa de memoria el déficit y la deuda de cada Comunidad.

Rubalcaba, inmerso en una campaña contraproducente para su partido, ha criticado que el PP se haya planteado un horizonte de creación de 3,5 millones de empleos y un millón de empresas. Se pregunta “cómo lo van a hacer”. Dice que “son muchos”.

Pero el PP si puede hablar de creación de empleo. La entrada en el Euro supuso un extraordinario esfuerzo al gobierno popular de José María Aznar para conseguir llegar a los parámetros de convergencia exigidos. Entre 1996 y 2004 España fue el único país de Europa capaz de crear 8 millones de puestos de trabajo sobre 12 millones de ocupados que había en 1996. Lo difícil es creer que con 5 millones de parados que deja el gobierno de Rubalcaba y Zapatero, el candidato socialista siga empeñado en afirmar que tiene otras recetas. ¿Qué puede prometer Rubalcaba que no haya tenido la oportunidad de hacer y haya hecho? Ya dijo Einstein aquello de “seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes”.

Y en todo esto, ¿está el PSOE con Rubalcaba? Cada día son más los ministros que anuncian que no le acompañarán en su hipotético gobierno. Cada día más líderes socialistas anuncian que se retiran, que no se presentan. Cada día más críticas, también desde el propio Gobierno. Y Rubalcaba parece estar empeñado en no empeorar los pobres resultados que obtuvo Almunia. Tiempo al tiempo.

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Yo soy el líder

Mientras la estructura se derrumba, ha surgido en el PSOE una nueva crisis de liderazgo. Primero fue Zapatero, que al negociar la secretaría general de los socialistas convino entrar como elefante por cacharrería, y que al llegar al Gobierno pasó por él como el caballo de Atila. Más tarde, las fugas, pues lo cinchado tiende a buscar salida. El equipo negociador no había previsto que el escenario de dureza para quienes no aciertan a vivir cautivos estallaría. Rupturas y salidas removieron los intereses de algunas familias. Y creció el frente de oposición dentro del propio partido socialista. Zapatero, Blanco y Rubalcaba pactaron pulso y alineamiento. Y perdieron.

La cúpula no podía permitir que alguien le rebatiera. Tenían que apagar el fuego. Habían apostado fuerte, volcado su maquinaria, elegido a quien no cuestionaría, para prensar de nuevo la línea de sumisión que había marcado la directiva. A través de la ministra Jiménez midieron sus fuerzas con un joven madrileño, Tomás Gómez, para ellos antes indefenso. Cómo pensar que perderían. Y perdieron.

Se desvanecía la estrategia que había capitaneado Rodríguez Zapatero. Pero, ¿cómo sucumbir ante ello? Reconducirían. Se asegurarían el control del partido, de nuevo. Con Ferraz en el Gobierno, el debate de la sucesión de Zapatero quedó al albur de veladas especulaciones. Chacón fue asesorada: parecía ser su momento. Otro imprevisto para quienes pactaban el aseguramiento en el poder, el del PSOE y el del Gobierno, o al menos, el del grupo socialista en la oposición en el Congreso.

La ministra fue invitada a renegar de su intención de batirse con el experimentado Pérez Rubalcaba. La cúpula no podía permitirse otro fracaso como el de Madrid. Y Chacón dejó paso a la designación, por Zapatero, del candidato socialista a la presidencia del Gobierno. Mientras, Blanco seguía negociando. Y pactando. Y Rubalcaba se preparaba para presentarse a la opinión pública como un renovado candidato con el expediente limpio. Como si no hubiese sido mentor y ejecutor de las políticas del Gobierno de Zapatero.

Pero su inestabilidad interna va minando las relaciones entre los socialistas, que viven la mayor crisis en la historia de su partido. Una parte de la negociación ha fallado y el liderazgo de Pérez Rubalcaba ha comenzado a ser cuestionado. Demasiados intereses  inconfesados que alejan al candidato de la secretaría general de los socialistas tras las elecciones generales. Pero ya no pueden cambiar de candidato.

Para paliar la crisis de liderazgo, los estrategas de la campaña buscaron la comparecencia de varios miembros del Gobierno en alineamiento. Tenían que reafirmar a su líder. A su candidato. Hasta que el propio Pérez Rubalcaba tuvo que autoproclamarse líder: “el líder del PSOE soy yo”, subrayó como aviso en una entrevista en RNE. Y se dibujó en el horizonte el liderazgo perdido en la dirección socialista.

Al tiempo, y ante el oído atónito de quienes asistieron, durante más de año y medio, a la irresponsable negación de la crisis, convenida llamar “desaceleración” por el Gobierno de Zapatero y Rubalcaba, el candidato socialista ha vuelto a restar importancia a la crítica situación de nuestra economía -“hoy, más que de crisis, hay que hablar de inestabilidad”, afirma-. En la misma línea, la ministra Salgado hablaba esta semana, de nuevo, de “desaceleración”, ante la alarma por la prima de riesgo en España y la caída del IBEX.

Los socialistas andan sin rumbo, buscando ubicación para quienes llevan viviendo de la política toda la vida y no se plantean dejar de hacerlo. Se acaba el tiempo en las empresas públicas, fundaciones, agencias y organismos autónomos paralelos creados por los gobiernos socialistas. Se acaba el tiempo para las recolocaciones y conversiones de los contratos de tantos cargos del PSOE afincados en el símil de administración que crearon al margen del control de los Parlamentos. Se acaba el tiempo para el aseguramiento en los puestos.

Y el PSOE, y el Gobierno, con la vista puesta en sus futuribles credenciales y asegurándose hacer oposición desde un escaño. Si antaño asistimos a una gestión tropezada, hoy sólo tienen conciencia para decidir no hacer nada. La deriva es tal que ya solo aciertan a dar bandazos, ya solo tienden a la parálisis por el aturullamiento y las presiones internas están terminando de despistar a quienes, hasta las próximas elecciones generales, tienen la responsabilidad de, al menos, no seguir hundiéndonos.

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EL GOBIERNO, DE VACACIONES

No termina de resultar creíble, por incoherente y surrealista, que las noticias en España pasen, de la alarma por la prima de riesgo y el temor a ser intervenidos, a las vacaciones de tres ministros en Almería y los viajes de Zapatero al natural enclave de Doñana para pasar unas semanas de relajamiento.

Y es que, a estas alturas, con el adelanto de las elecciones generales recién anunciado y sin saber si la situación económica y social dará lugar al adelanto de este adelanto, no debería esperarse del Gobierno el mero sostenimiento del padecimiento general. Al menos cabe pensar que deberían dar ejemplo. Pero no. Para el laico gobierno, es sagrado el asueto.

Estos días la Moncloa se ha desprovisto de vida. Ni reuniones, ni reformas, ni explicaciones. Nada. La sombra de la mudanza ya ha despertado el eco. La crisis económica y el comportamiento de los mercados no parecen evocar en el aún presidente del Gobierno un sentido de responsabilidad mayor que el de los viajes de ida y vuelta a y desde Doñana para reunirse con la ministra Salgado y convocar a los medios.

El mensaje sigue en la tradicional línea socialista del artificio. Mientras los países de nuestro entorno dibujan una línea de crecimiento, el gobierno de Rubalcaba y Zapatero se justifica en que España no es uno de los países más endeudados de la Unión Europea. Y dedican su tiempo a ofrecer comparativas. No hay problemas. Pero lo cierto es que la alarma no reside únicamente en el endeudamiento, sino en la capacidad real de devolución que tenemos.

El que disfruta estos días de unas inmerecidas vacaciones es un Gobierno que prefiere endeudarse mensualmente por un valor medio de 4.500 millones de euros, que con extrema y reincidente irresponsabilidad obvia su sentido de Estado y sigue gastando y arrojando deuda con una carga financiera desorbitada. Y el problema de que la deuda se venda cara es que el dinero que el Estado gasta en remunerarla es dinero que no puede gastar en cobertura social, ni en creación de empleo, ni en economía real.

¿Puede España soportar esta parálisis preelectoral? ¿Podremos seguir soportándola en Andalucía, donde el equipo de Griñán se afana en el arte de nadar y esconder la ropa, culminar los procesos de recolocación, dificultar la acción de la justicia y destinar, como un ejercicio tradicional, partidas milmillonarias a actividades disuasorias y procesos de marketing político con el presupuesto institucional?

De estos gobiernos vacacionales y contemplativos no parece poder desprenderse otra esperanza que la espera. Varios meses adicionales de disfrute ministerial mientras la economía española se desvanece. Varios meses de inactividad, con la agenda en blanco, a merced de la deriva de la especulación internacional, que no descansa. Y los gobiernos de Zapatero y Griñán de vacaciones.

No parece que pueda esperarse otra cosa. A juzgar por las reincidentes afirmaciones de Pérez Rubalcaba, no cabría tampoco esperar más del Gobierno que nos propone, de nuevo, el Partido Socialista, inmerso en la mayor crisis interna de su historia democrática e instalado ya en la elección de mesa y silla con reposapiés y reposacabezas y a la espera de la bienvenida de los cigarrones en sus acuartelamientos de invierno. También para eso necesitan su tiempo.

No ha tenido mejor ocurrencia el ex ministro, designado por Zapatero candidato socialista a la presidencia del Gobierno, que afirmar que “hoy, más que de crisis, hay que hablar de inestabilidad”. Ora el encumbramiento ministerial le ha arrojado de la realidad que vivimos los españoles ora pretende seguir con el discurso que ha conducido a España por este sendero de destrucción de todos los avances económicos y sociales que habíamos conseguido.

Y la realidad que nos deja la gestión del otro gobierno socialista, el de Griñán, en materia de empleo, amén del uso fraudulento que estudia la juez Mercedes Alaya en relación con las partidas destinadas a los falsos ERE a los que durante años ha dado su beneplácito la Consejería de Empleo, o la creación de entidades paralelas que quedan fuera del control del Parlamento, entre otras prácticas, es la salida de nuestros desempleados ante las expectativas del mercado laboral en esta autonomía.

Ayer supimos que el 71% de los vendimiadores en Francia, 10.400 de los 14.500 temporeros que se espera acudan a la vendimia en el país vecino, serán andaluces, muchos de los cuales optarán por quedarse para la cosecha de la fruta tardía. ¿Es esta la Andalucía de las oportunidades que los socialistas alcanzan a ofrecernos? La memoria no puede ser tan frágil.

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